sábado, 31 de enero de 2015

Una sorprendente transmutación



(Una confidencia con margaritas delante.)
No siempre son detectables, comprensibles, los mecanismos que condicionan y/o dirigen nuestras  conductas, nuestras actitudes, comportamientos, lo que sea.
Contemplé, y experimenté, su evolución, su transmutación asombrosa y algo alarmante: vivía, ahora, como si sus circunstancias, sus peripecias  personales  le concediesen una bula, el privilegio de esperar, de exigir de los demás un tratamiento que siempre debía concederle una clara ventaja, una casi sumisión del prójimo, rendido súbdito.
Parecía que la divisa de su escudo de armas hubiera llegado a ser
                             “TODOS (vosotros) PARA UNO (yo)”.
Cuando la barra de progreso (¡fíjate, Almendrita!) de mi decepción fue completada, cuando ya no cabía un desengaño más, cuando cada vez fue más y más luminoso el hecho de que fumaba más, mucho más y follaba menos, mucho menos, salí despavorido, definitivamente huyendo sin dar, ¿para qué?, explicaciones.
Y, muy propio: sin ser yo el enemigo, su egoísmo y su desentendimiento no dejaron de ofrecerme el tradicional, implícito, majestuoso “puente de plata”.
Cuestión de estilos.

viernes, 30 de enero de 2015

Alexis Tsipras



Lo acaban de poner de jefe en Grecia…
(Escuchando su discurso, las neuronas activaron un remotísimo nombre en la memoria: Yuki, el temerario. Aquello era un tebeo para los chavales que fuimos. Las neuronas tienen sus veleidades; tras un instante, he retomado la reflexión.)
… en Grecia, y es de la variedad “complaciente” y “simpática” que enseguida le suelta a la gente dádivas agradables. Así que, por ejemplo, ha decretado un salario mínimo para los griegos bastante más alto que el que corresponde aquí a los españoles.
Esta medida, que en teoría obliga a los empresarios a ser más rumbosos, podría quedarse ahí. Pero imagino que afectará también a las instituciones y empresas públicas.
Y ya tenemos la palabra: lo público.
El entramado europeo de recíprocas y solidarias asistencias, etc. ha recabado de España (que nos lo han repetido por televisión) 26.000 millones de euros para ayudar a Grecia a salir de sus particulares problemas. La importante cifra se extrae, naturalmente, de nuestros bolsillos, a fuerza de impuestos: A LA FUERZA DE LOS IMPUESTOS.
Nuestro dinero, con tanta exigencia, esfuerzo, incluso sufrimiento, aportado, ¿se va a ir en “alegrías” ajenas que nosotros no nos atrevemos a permitirnos ni en los Carnavales de Cádiz? La medida citada, ¿pasa de rumbosa a desahogada, a chulesca?
No me parecen de recibo esas falsas “complacencias”.

Como tampoco las de la RAE que, plegándose (como otras veces) a la comodidad de las inercias y rindiéndose a los hechos consumados, terminó por admitir o recoger (en 1984 y advirtiendo de una condición de galicismo, para mí despreciable) un espurio, y absurdo por lo contradictorio, significado de ENERVAR, contraviniendo el claro mandato de su evidente etimología y raíz, Emiliano. 

jueves, 29 de enero de 2015

No es la cuesta de enero



¿Sabéis ese bache, ese consistente desconcierto? ¿Esa encrucijada que no afrontamos, aplazando las decisiones con pretextos inservibles, con subterfugios que uno mismo se fabrica para ir excusando la acción, la resolución necesaria de las cosas pendientes?
¿Sabéis el efecto enervante* de la inseguridad y el miedo, del pantano de dudas que nos debilita, de las variopintas formas que reviste la apatía?
No es la cuesta de enero, queridos vapuleados por la vida: es otra cosa, como la gripe, que a tanta gente atropella, engancha, incluso se lleva por delante.

*Contra la creencia extendida, y equivocada, enervante es lo que nos deja sin nervio, sin músculo, sin energía. Es curioso que tan gran número de bípedos implumes piense que es justo lo contrario.

miércoles, 28 de enero de 2015

Fernando Salaverri



Y su fórmula para hacer sangría.
Este hombre, alavés de pro, era por entonces el alto capitoste del departamento de promoción en Hispavox, cuando ésta era la compañía fonográfica española de más merecido prestigio.
A la sazón nosotros en Solera, nos invitó una noche a su casa, creo que por Diego de León en Madrid y, junto a otras personas de la música, mientras ponderaba el talento de Elsa Baeza con algún prodigio de la gastronomía cubana, nos ilustró con su personal preparación de la sangría.
Más de 40 años después, todavía reincido casi todos los veranos, y con aceptable lealtad, en la reproducción fiel de aquella propuesta, de aquella equilibrada, poderosa, casi esotérica mezcla, respetando las proporciones que nos recomendó y consintiendo, sólo de manera esporádica, caprichosas y mínimas variantes como añadidos de mi aventurera y no obstante nada valerosa fantasía.
Siglos sin saber de ti, Fernando. Supongo que nos veremos cualquier día; a este paso, en alguno de esos cielos que Alá nos depara, perfumados de huríes.

martes, 27 de enero de 2015

Con zancadillas y pisotones



(apenas metafóricos), como si fuesen luminosas estrellas de nuestro fútbol, con esos finos gestos de buen humor y mejores modales, así andan los políticos de la Junta andaluza en estas jornadas tan de culebrón.
Y es que la sin par Susana, aprovechando que ya los trajinó para aprobar los presupuestos, deja tirados a sus colegas de mangoneo y despilfarro (¿22 millones de euros para las elecciones adelantadas?), los cuales están que trinan.
Y por medio, ese descuido patoso, ese torpe empleo del vocabulario. A ver, queridos amiguitos, niños y niñas:
En la cosa política existe la Comisión PermanentE, eso que sirve para enredar.
En el equipo femenino de natación, las integrantEs, que son quienes lo forman.
En la radio, oyentEs, en las cofradías, penitentEs, que son quienes oyen y hacen penitencia, respectivamente.
En la peluquería del barrio, hacen un tratamiento, la “permanentE”, para que los rizos sean algo duraderos.
A Susana, los despechados le van a decir intrigantE (porque lo de menos es que la llamen Díez mientras a Rosa, Díaz).
Y todos debemos decirle presidentE. Porque, queridos amiguitos, niños y niñas, no hay permanentAs, ni integrantAs, ni oyentAs, ni penitentAs, ni intrigantA tampoco, creedme, en limpio y tradicional castellano. Ni presidentA, catetos míos, que al lenguaje no hay que darle patadas.

Estás predicando en el desierto”.
(Lo sé.)